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9 sept 2014

Reseña: Birds Without Wings, de Louis de Bernières

Louis de Bernières, Birds without Wings (Londres: Vintage, 2005). 625 páginas.

Mi amigo Subhash me recomendó este libro de Louis de Bernières como una suerte de preparativo literario cara a un viaje a Turquía. De este escritor inglés de apellido obviamente francés había leído hace ya muchos años (mucho antes de que hubiera blogs) sus tres divertidísimas novelas ambientadas en Colombia, además de la exitosa Captain Corelli’s Mandolin, y el breve relato ambientado en Australia, Red Dog, una de las entradas más visitadas de este modesto blog de literatura, gracias a la película del mismo título que tanto éxito ha cosechado en todo el mundo. El caso es que tenía el libro en mis estanterías, pero lo cierto es que nunca lo había leído.

Puede que Birds Without Wings, con sus 625 páginas, y diez años después de su publicación, no sea tan apetecible como las otras novelas de de Bernières. Hay algunas cosas que chirrían en el entramado de la novela: personalmente he encontrado muy incómodos los capítulos que, a modo de paréntesis con un cariz meramente histórico, el autor dedica a Mustafá Kemal Atatürk. No niego su pertinencia en el marco total de la narración, solamente expreso una opinión en el sentido de que a ratos interrumpe y entorpece la lectura de los distintos hilos narrativos que componen el grueso de la trama.

La novela está poblada de multitud de personajes, hábilmente esbozados con unos pocos trazos por el autor. Quizás incluso demasiados personajes, pues en muchos casos estos quedan en apenas meros perfiles unidimensionales, cumplen su función dentro del esquema narrativo y desaparecen para volver a aparecer brevemente unas 50 ó 100 páginas más adelante, como unos Ojos del Guadiana.

No es difícil hacerse una idea de qué fue lo que motivó a de Bernières a escribir esta historia impregnada de pesar, el lamento plenamente justificado por la pérdida de la pacífica convivencia de distintos grupos étnicos y religiosos en tranquilos pueblos y villas de las orillas del Mediterráneo oriental, tal y como ocurrió siglos antes en las tierras valencianas tras la expulsión forzosa de judíos y moriscos.

De Bernières sitúa esa modesta comunidad vecinal en una población imaginaria llamada Eskibahçe, próxima a lo que hoy en día es Fethiye (antiguamente Telmessos). En Eskibahçe conviven gentes iletradas como el alfarero Iskander, Philothei la hermosa, objeto de deseo de Ibrahim el pastor de cabras, su leal amiga Drosoula, tan poco agraciada en cuanto a belleza, y que también aparece en  Captain Corelli’s Mandolin, el potentado Rustem Bey y su esposa adúltera Tamara, el imán Abdulhamid Hodja y el maestro griego Daskalos Leonidas, los mozalbetes Karatavuk y Mehmetçik. Hay muchos más, por supuesto. De Bernières emplea a veces un lenguaje algo rebuscado – para el lector común, pienso que es preferible lidiar con una novela ambientada en los albores de la Turquía de principios del siglo XX (cuando no existía como tal) salpicada con unas cuantas palabras turcas antes que con oscuros y obsoletos vocablos que solamente hacen feliz a quien los inserta en la narración.

Hay también en Birds Without Wings mucho humor, pero el peso de la guerra (o las guerras, debería uno decir, pues en apenas 20 años esa zona del Mediterráneo sufrió las terribles consecuencias de tres conflictos bélicos, uno de ellos la llamada Gran Guerra) pone una nota predominantemente sombría. En última instancia, la conclusión (que no es nada nueva, en todo caso) es que las convulsiones geopolíticas históricas pueden suponer una tragedia para los individuos. La expulsión (una especie de éxodo recíproco) de los turcos cristianos de origen griego del territorio turco y de los griegos musulmanes que habitaban las islas cercanas fue un enorme e imperdonable error histórico, y parece ciertamente imposible subsanarlo casi cien años después.

20 ago 2011

Reseña: Red Dog, de Louis de Bernières


Louis de Bernières, Red Dog (London: Secker and Warburg, 2001). 119 páginas.


En la granja de mis suegros vivía hasta hace poco más de un año un perro que, según la tradición australiana respondía al nombre de Blue, por el color de su pelo. Blue era un kelpie rojo, un can noble, siempre muy disciplinado, perro pastor ejemplar e infatigable. Finalmente se hizo viejo (tenía al menos doce años) y empezó a quedarse sordo, y a padecer de ceguera en un ojo. Blue vivió sus últimos meses como un buen jubilado, tumbado al sol muchas mañanas y dejando pasar las horas. El recuerdo más vívido y hondo que guardo de Blue fue la lucha feroz que le opuso a un zorro una tarde de invierno, mientras dábamos un paseo cerca del arroyo.


La leyenda de Red Dog forma parte de la historia más amplia del noroeste de Australia Occidental, una  parte del país que en la actualidad está viviendo un boom económico sin precedentes gracias a la exportación de hierro a China, en especial. Como parte de su visita a Australia en 1998, cuando asistió al Festival Literario de Perth, de Bernières acudió a Karratha, y aprovechó para explorar un poco la zona. Fue en Dampier donde vio la estatua en bronce de un perro que la población de la ciudad erigió para rememorarlo, y la curiosidad le picó tanto que volvió unos meses más tarde y se puso a indagar en la vida y aventuras de aquel perro. De ahí nació este librito.

Fuente: Wikipedia.

Para quienes conozcan las otras obras del autor inglés, Red Dog no dejará de ser una anécdota. Dista mucho de las divertidas y mordaces sátiras que le han dado fama (y algo de dinero) a Louis de Bernières, como The War of Don Emmanuel's Nether Parts (1990), Señor Vivo and the Coca Lord (1991) y The Troublesome Offspring of Cardinal Guzmán (1992), además de la muy famosa Captain Corelli’s Mandolin (1994). A ratos, Red Dog semeja más un cuento para niños que un relato para adultos, y en realidad no tiene una audiencia definida. Por lo demás, no está exento de divertidas anécdotas y tampoco de pasajes a los que sobra melodrama. Los personajes humanos quedan muy desdibujados en el conjunto, y es que de Bernières no tiene mucho interés por ellos. Solamente el perro es protagonista, y únicamente comparte el primer plano con el paisaje del norte de Australia Occidental, siempre tan imponente.






Espero hacer algún día ese viaje y recorrer esas tierras, y sin duda visitaré la estatua de Red Dog. Mientras llega ese día, podemos leer esta novelita o ver la película que se estrenó hace unas semanas. Yo siempre me acordaré de Blue, y cómo puso en su sitio al zorro. Y aunque aquella tarde se llevara también sus buenos mordiscos, me pareció verle esbozar una pícara y satisfecha sonrisa cuando regresábamos a la casa.

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